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Ni más ni menos Estado, mejor Estado

Poco sabemos de cómo será la “nueva normalidad”. Sólo que nos encaminamos hacia un ciclo largo de intervención del estado para afrontar las consecuencias de la pandemia. Más allá de si necesitamos más o menos presencia estatal en los sectores esenciales de la economía y la sociedad, deberíamos plantearnos cómo debería ser esa presencia. Encaminarnos hacia un estado mejor, que sea eficaz, eficiente, innovador, emprendedor, inversor…

En este artículo Rafael Ramos, Director del Programa de IMIM y Profesor Titular de Organización de Empresas de la UPM, reflexiona sobre los deficiencias en la estructura económica y social de nuestro país que ha puesto de manifiesto la pandemia del COVID-19. Publicado originalmente en Pensamientos para después de una pandemia el autor inicia un debate sobre las carencias más evidentes que se han visto durante las primeras semanas de la crisis sanitarias y sobre el papel del estado en la nueva etapa que se inicia.

 

Más intervención del Estado

En una ausencia casi total de certezas de cómo será la etapa poscoronavirus, hay una que parece concitar un acuerdo practicamente general: contrariamente al discurso dominante durante las últimas décadas (en concreto, desde los ochenta de Thatcher y Reagan) que defendía adelgazar el Estado, ampliando y reservando más campo de juego a la iniciativa privada, ahora viene un ciclo largo en el que el Estado tiene que librarse de esas restricciones ideológicas y crecer.

Más inversión en la sanidad pública y en otros servicios públicos esenciales, sin las cicaterías del pasado; más capacidad de compra pública y de intervención en la actividad económica, sobre todo en la industria. También,  más instrumentos de control y supervisión social. Más Estado; lo piden hasta los empresarios en estos momentos de necesidad en los que recurrir al gran Leviatán es su única tabla de salvación…

Mas estado para afrontar pandemia COVID19

Más Estado, para desmayo de tantos liberales, sobre todo los de tendencias más libertarias y anarcocapitalistas. Es verdad que sus propuestas de un Estado mínimo casan muy mal con lo que estamos viendo que nos hace falta de forma acuciante para luchar contra el coronavirus. Hace años lei un artículo de un ilustre liberal patrio que defendía como posible y deseable en España un Estado ¡diez veces! menor que el que tenemos. ¿Nos habría ido mejor con un un Estado diezmado, sin sanidad pública? No lo parece… y el debate está servido entre los que consideran una obviedad que lo que hay que hacer es engordar el sector público dotándole de más recursos, y los que se escandalizan asustados por el océano de despilfarro e ineficiencia que se avecina.

Mejor estado, este es el debate

Más allá del estéril debate sobre el tamaño del Estado, habría que centrarse en conseguir un Estado mejor. No se trata de que el Estado sea mayor o menor, sino de que sea eficaz, es decir que haga lo que tiene que hacer, y a ser posible que lo haga de forma eficiente, con economía de recursos. Es prioritario garantizar que el Estado, tenga el tamaño que tenga, sea capaz, ágil, efectivo, guiado por los resultados de sus acciones.

Uno de los problemas que tenemos en España es la colonización de la administración pública por los partidos políticos y la política en general, no pretendo entrar aquí en eso. Sólo dejar constancia de que hasta que no se produzca una separación que impida el parasitismo de tantos puestos en la administración y la utilización partidista del sector público no vamos a conseguir avanzar en serio.

Estado innovador, eficaz. Mejor estado

Otro de los problemas es la naturaleza del proceso administrativo en España, anticuado, rígido y casi imposible de evolucionar. La administración tiene “vida propia” y es un terreno en el que las formas de hacer las cosas está muy codificada, y es bueno que así sea, pero de una manera que hace casi imposible el cambio, la agilidad de respuesta y la evolución adaptativa, y es malo que así sea.

La rígida mentalidad administrativa, tan arraigada en el funcionariado español, es un lastre tremendo para que nuestro sector público alcance las cotas de eficacia y eficiencia que cada vez más le vamos a exigir.

Exijamos un Estado que funcione y sea capaz y que, en la línea de lo que propone la profesora Mariana Mazzucato, trabaje con la iniciativa privada para sacar el máximo rendimiento de una colaboración que tiene un enorme potencial.

En definitiva, para lo que se nos viene encima después de la pandemia necesitamos un Estado eficaz, eficiente, innovador, emprendedor, inversor, … pero no sé si más grande o más pequeño del que tenemos; el tamaño resultante debería ser en buena medida consecuencia de esas cualidades esenciales imprescindibles.

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